Buenos Humos

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Pedro L. Gayarre

El Primado de Toledo, un segundón en la Iglesia del siglo XXI

Vaya por delante mi respeto a que la Iglesia Católica elija a  sus dirigentes y organice sus instituciones de gobierno como mejor quieran sus fieles. Al fin y al cabo los que tienen derecho a poner pegas son los que forman parte de ese club. Los demás sólo tenemos derecho a observar su organización desde fuera de la misma manera que miraríamos a cualquier ONG. Para criticar con pleno derecho a la Iglesia Católica uno está convencido que hay que formar parte de ella. Sólo  desde esa perspectiva del mirón de obra ajena se atreve uno a mirarla y a escribir de ella. 

Está claro que desde hace unas cuantas décadas el Arzobispado de Toledo ha perdido peso específico dentro de la Iglesia Católica o lo que es lo mismo Universal, y dentro de la propia Iglesia Española. La adopción desde Roma de una nueva organización de las iglesias nacionales en Conferencias Episcopales, acabó con la primacía del Arzobispo de Toledo sobre los demás obispos. Los últimos primados con mando en plaza efectivo fueron don Isidro Gomá y Tomás y don Enrique Pla y Deniel. Después de ellos se vio claro por dónde iban los tiempos. La demografía impuso la ley de la Geografía y la sede de la Diva toledana, quedó como un trampolín para ocupar Madrid, con don Vicente Enrique y Tarancón como el mejor ejemplo. Cuando llegó don Marcelo González Martín, el tiempo de los Arzobispos Primados era mero pasado. Con todos mis respetos al pastor, fue aparcado en Toledo como un hombre de otro tiempo. Mandaba mucho en su diócesis, pero muy poco en la sala de máquinas del poder eclesial que es la Conferencia Episcopal. 

Y desde don Marcelo, al que hay que reconocer que nunca renunció a representar el peso que en la Historia tiene el Arzobispado de Toledo, todo entró en una lenta decadencia de poder real y representación, y, ahí está para demostrarlo el hecho insólito en la Historia de la Iglesia Toledana de que sus últimos arzobispos no hayan sido nombrados cardenales, algo que se consideraba inherente al cargo. Obispos del montón.  

En Ciudad Rodrigo, una de esas ciudades de provincias con mucha historia y poco futuro, andan mosqueados porque desde el Vaticano no se deciden a cubrir la vacante de su obispo y sospechan de la liquidación de su sede episcopal. La reivindicación ha saltado a los medios como otro agravio más que se añade al listado del cuaderno de quejas de la España vaciada. Me temo, que Ciudad Rodrigo y Toledo forman parte de la misma historia. ¡Menos mal que la catedral no hay quién la mueva! 

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