Buenos Humos

Buenos Humos


Pedro A. López Gayarre

De teleayuntamiento a telecacique sin remisión

El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Toledo quiere una televisión y acaba de plantear una reserva de un canal municipal. Tener una televisión es la ilusión de los políticos que se creen en el deber de educar a los ciudadanos como ellos piensan. Algo muy legítimo si no fuera por el pequeño detalle de que la mayoría abrumadora de los partidarios de los medios públicos pretende hacerlo financiado por los mismos a los que pretende guiar por el camino de la corrección. O sea los que pagamos impuestos. Los enemigos de la libertad, a izquierda y derecha, nos quieren salvar de nosotros mismos, eso sí, pagando nosotros el servicio que no hemos pedido.

Siempre que se habla de la necesidad de una televisión, una radio o un medio pagado con el dinero de todos se pone como ejemplo a perseguir, la telebasura y como ejemplo a imitar la BBC: un medio independiente del poder político y gobernado por profesionales, aunque uno, la verdad, no está seguro de que esa asepsia informativa que se le supone, y la función de servicio público, es una realidad o una de esas leyendas de británicos vistos como extravagantes desde el continente.

Uno mira el panorama de los medios públicos en España y en nuestra región, y muy pocas veces, por no decir ninguna, ve el servicio público en las programaciones fuera de los informativos y algunos programas de la 2, por mucho que el bueno de Ramón, el del jamón, se empeñe en vendernos su programa “En compañía”, como un servicio imprescindible que debería ser asumido por la Consejería de Bienestar Social. Luego el gran argumento para producir y emitir entretenimiento puro en las cadenas públicas sea a través de programas como Master Chef, o simplemente emitiendo películas de éxito, es la audiencia, como cualquier cadena privada que se precie. Visto el panorama uno tiene que concluir que la mejor cadena de televisión pública es la que no existe y si en todo caso tiene que existir una, con una televisión verdaderamente en manos de profesionales y verdadera función de servicio público, sería más que suficiente. Pero en esto como en casi todo, el café para todos del todo por diecisiete se ha impuesto.

A todos esos que tienen su modelo en unos medios públicos manejados a su antojo, pero pagado con el dinero de los demás, les diría que miraran hacia medios como este digital: cuatro profesionales que desde hace ya más de quince años han promovido y mantenido su propia empresa con el apoyo de los lectores y anunciantes, que son al fin y al cabo los que mantienen con su elección los medios que deben existir. 

El reconocimiento, en el plano empresarial y profesional, que la semana pasada han recibido de El Español, con su entrada como quinto socio en su accionariado, ha venido a refrendar lo que sus lectores han hecho durante estos años.

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