Buenos Humos

Buenos Humos


Pedro L. Gayarre

Ciudadanos en CLM. Lágrimas en la lluvia

La despedida de Vicente Casañ como alcalde de Albacete, a pesar del entusiasmo puesto en ella, ha tenido el tono melancólico y fatalista del discurso del último replicante de Blade Runner: “Todo eso se perderá como lágrimas en la lluvia”. Poco o mucho conseguido, la gestión de Casañ está destinada al olvido. Su balance fue la constatación de su derrota al admitir que había tenido bastante con gestionar los efectos de la pandemia. Bastante hemos hecho con llegar hasta aquí, pareció decir. La pandemia le había derrotado como derrotaron los elementos a la Gran Armada.

Ciudadanos lleva un rejón de muerte en todo lo alto desde que Inés Arrimadas se dejó tentar por la posibilidad de tocar poder en Murcia, Madrid y Castilla y León, pactando con el PSOE de Sánchez, y Díaz Ayuso les ganó la baza por la mano, dejándoles fuera de juego. Pasarán a la Historia de la infamia los argumentos de los discursos de la izquierda madrileña rechazando la convocatoria de los ciudadanos a las urnas ante la amenaza de perder. Lo legítimo, venían a decir, es levantarle el sillón a la derecha por cualquier medio, con pactos a cencerros tapados de esos que repudiaban cuando lo de la nueva política vendía regeneración y manos limpias. Temían a las urnas y a los ciudadanos y no se equivocaban.

En Albacete rematará la legislatura el socialista Emilio Sáez, que a poco que haga conseguirá colgarse las medallas de todo lo bueno de los cuatro años de legislatura. El listón está tan bajo, según acusa la oposición, que por poco que haga estará más que justificado ante su electorado. Alguien dirá que Emilio Sáez tiene la suerte de cara, porque lo peor de la pandemia parece haber pasado y el acabar la legislatura como alcalde es un plus. Tiene uno la impresión de que, aunque en Ciudad Real será Eva Masías, de Ciudadanos, la que tendrá la oportunidad de recoger esos réditos, los resultados de su formación serán similares a los de Albacete.

En Ciudadanos en CLM hoy solo resisten los que tienen algún cargo en algún sitio donde todavía se cobra regularmente una nómina; o donde se atisba la posibilidad de prolongar la situación en el futuro, integrados en las listas de los que vinieron a combatir. Lo demás es desolación y tierra quemada. Una región en la que ni siquiera la alcaldía de Ciudad Real y la posibilidad de tener una influencia decisiva en el Ayuntamiento de la ciudad más poblada invita a una mínima dosis de optimismo. Hagan lo que hagan Casañ y Masías, los réditos los recogerán otros. Las lágrimas no.

Compartir