Capilla Sixtina

Capilla Sixtina


Jesús Fuentes

Oscuros intereses

Lo peor que podía suceder ha sucedido: que la gente crea que la política es un lodazal, porque quienes se dedican a la política persiguen oscuros intereses y no el servicio a los ciudadanos. Y si miramos los acontecimientos de los últimos días, sin discernir protagonistas, tendrían razón. Por eso es preciso no igualar a todos y meterlos en el mismo saco, a pesar de lo difícil que se les pone a los ciudadanos. Lógicamente en estos asuntos tampoco valen las equidistancias. La derecha, que es quien está causando este revuelo, ha puesto en marcha los  sistemas de intoxicación de los que dispone. Unos, se apuntan a la desinformación para que la realidad se diluya en la confusión y el conflicto se normalice en el hastío cívico. Otros, endosan cuanto está sucediendo a Pedro Sánchez. En esta versión, Pedro Sánchez sería el causante de lo que está ocurriendo por no pactar con la derecha o por sus ansias totalitarias. Por supuesto, los protagonistas del enredo desaparecen del escenario o se les presenta como víctimas del poder insaciable de la izquierda. Lo del “poder insaciable” siempre se le atribuye a la izquierda, mientras que la ocupación del mismo por la derecha fija el horizonte de la ley y el orden.  

La Sra. Ayuso ha manifestado con rudeza “trumpiana” que los pactos y los acuerdos no van con ella. Ella lo que quiere es mandar en solitario, según propia confesión. A eso la derecha lo llama, con entonación ufana, ponerse el mundo por montera y no irresponsabilidad en el centro de una pandemia, maniobrerismo político o hasta un derecho. Quiere que Madrid pase de capital progresista a capital del individualismo libertario, que niega la pandemia y sus efectos, el cambio climático y sus consecuencias, la sanidad y la educación públicas y sus desigualdades, el valor de la solidaridad colectiva. Quiere la sociedad de Trump  en Madrid. La última de las versiones, más sofisticada, pero no menos constante,  culpa también al PSOE, porque cuando gobierna la derecha debe ponerse a su servicio en cuantos marrones se presentan y si quien gobierna es el PSOE debe contribuir al mantenimiento de la derecha. Este es un lio de la derecha. Y esta la realidad que se oculta entre el humo, el ruido o la polarización ideológica con las que se pretenden camuflar las miserias partidarias y provocar en los ciudadanos el descredito de la política.

En paralelo se desarrolla el sainete de Murcia, tan esperpéntico como el de Madrid. Solo que al ser el patio de vecindad más reducido tienen menos remilgos en mostrar sus mezquindades. Son gentes que se acercaron a los partidos, como en otros muchos lugares, para medrar, hacerse ricos, sean juzgados o no, o como ha dicho alguien para que te recoja el  coche oficial a la puerta de casa. Da igual la organización a la que se pertenezca. Siempre habrá gentes dispuestas a exhibir de manera descarnada sus  miserias de origen. La ambición personal, la deslealtad, el olor de la corrupción, un puesto de trabajo, los odios internos  surgen en todas las organizaciones. Vicios privados que nada tienen que ver con la política y sí  con la condición humana. Y esto lo escribe quien conoce por vivencias propias cómo actúa el poder en gentes dispuestas a venderse o ser comprados por los atractivos que el poder y los recursos públicos llevan aparejados. Lo escandaloso, sin embargo, no es la constatación de la mezquindad, sino que la inmoralidad de tales comportamientos sean aceptados  sin rechazo social ostensible.

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