Capilla Sixtina

Capilla Sixtina


Jesús Fuentes

¿Quién sujeta este tinglado?

¿Se han preguntado ustedes quién mantiene las instituciones cuando casi todas amenazan ruina? La monarquía está como está. Es decir, acosada por grupos diversos, no precisamente todos de izquierdas, aunque alguno haya; por la banalidad inconsciente de numerosos sectores de la sociedad que piensan en un cambio en la forma de Estado como solución a los problemas diarios y, desde luego, por sus propios errores y abuso del poder. Hay pueblos y dirigentes que nunca aprenden de su pasado. La Justicia, con más de dos años sin renovación del Consejo del Poder Judicial, máximo órgano de la magistratura, es capaz de dictar sentencias como los que dicta. La más reciente, aunque sea anecdótica, el caso de la Sra. Cifuentes, donde los considerandos jurídicos nada tienen que ver con el resultado final. Se inculpa a ella, pero se condena a los colaboradores. Pura fantasía.

Si nos trasladamos a los partidos políticos, instituciones centrales de la democracia, la derecha no solamente está dividida, sino que el grupo mayoritario no representa a nadie en algunos territorios del país. Hay que mantenerla para que no se hunda y el vacío lo ocupe un partido totalitario. Al PP le persiguen sus antiguos tesoreros además de altos cargos procesados o pendiente de procesar. El Sr. Rato, vicepresidente económico de los gobiernos de Aznar, estrella y promesa rutilante de la derecha en un tiempo, va y viene de un tribunal a otro como un alienígena. Es un hombre sin pasado, carece de antecedentes políticos o personales. Ya nadie sabe por qué se le interroga, se le condena o se le absuelve. Y estamos a la espera de la operación Kitchen, un caso de espionaje del PP con recursos públicos de quien fuera el máximo administrador de sus finanzas. Un “watergate” a la española.

El Sr. Casado se mueve entre contradicciones y desconciertos. En el montaje apresurado, en homenaje al Sr. Aznar, para hablar de las excelencias del gobierno de la derecha hace 25 años, ha afirmado sin rubor que “pincharán en hueso aquellos que pretendan dividir a las nuevas generaciones del PP con sus predecesores” lo que no encaja con anteriores declaraciones negando ese pasado o anunciando la venta de la sede de Génova como símbolo de la nueva etapa del partido. Presenta distintas naturaleza, manteniendo una misma entidad cada vez que las urnas les alejan del poder para que el barro de los anteriores no salpique a los nuevos dirigentes. Pura Teología.

En cuanto a los independentistas se mueven en la estrategia de infiltrarse en el Estado para destruirle, según confesión programática de Bildu. Lo patentó el Sr. Pujol. Mientras juraba su incondicionales lealtades al Estado español alimentaba el proyecto que culminaría dando soporte al “procés”. A todos engañó o todos se dejaron engañar. Cada vez conseguía más beneficios y el control de más instituciones. Lo mismo viene haciendo el PNV al que se ha sumado la izquierda aberzale. El nacionalismo ibérico es un proyecto instalado en la trascendencia histórica. En proyectos semejantes no existen prisas, solo impulsos tácticos.

¿Quién mantiene, con sus evidentes contradicciones, la estabilidad de todo esto sino el PSOE? Admito que a algunos la expresión les suene fuerte y les parezca partidaria. Miren a su alrededor con distanciamiento. Lo que se pretende es reflexionar para mantener la confianza en las instituciones. Para que la política se sobreponga al ruido; para que los asuntos se analicen en su dimensión real y no desde la anécdota. En fin, para que en tiempos de pandemias y crisis económicas, la estabilidad democrática se sobreponga a propuestas absurdamente milagrosas. Pura racionalidad.

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