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Aplaudida y cruel broma en las redes sobre el ministro fantasma de Albacete

Manuel Castell, ministro de Universidades Manuel Castell, ministro de Universidades

Es el ministro con más títulos académicos, con más libros publicados, con más reconocimientos en el mundo universitario nacional e internacional y el de más edad. También es uno de los más ricos del gabinete de Pedro Sánchez. Y el más desaparecido. Hablamos del albaceteño Manuel Castell Oliván (79 años), sociólogo, profesor universitario y ministro de Universidades, una cartera creada exprofeso para él en orden a satisfacer el cupo catalán de Podemos y de la alcaldesa Ada Colau en el Gobierno del PSOE.

Si por algo se ha caracterizado Castell como ministro ha sido por sus ausencias y por la falta de gestión en un ministerio que necesita estar muy activo para afrontar los numerosos problemas que afectan al conjunto de universidades de España. Sus comparecencias públicas han sido escasas y algunas de ellas no han hecho más que alimentar polémicas infructuosas con rumbo a ninguna parte.

La fama de sus ausencias le han convertido en un ministro fantasma y por ello está siendo objeto de memes y chanzas en las redes, como lo fue Esperanza Aguirre en sus tiempos de ministra de Cultura del inagotable imaginario del mundo de los chistes, con la sustancial diferencia de que la madrileña estaba en los inicios de su carrera política y el albaceteño no parece que vaya a pasar de esta (su única) experiencia.

 

Quizá el comentario más aplaudido y cruel contra Castell sea el que ha publicado este martes el perfil que firma como @rimbaudarth, muy activo, muy crítico con el gobierno socialista y con casi 40.000 seguidores: "Manuel Castells visita Ceuta y el Ejército lo manda de vuelta a Marruecos al no reconocer al Ministro de Universidades. Margarita Robles pide disculpas por la confusión".

Pero lo más curioso no es el propio mensaje, sino algunas de las reacciones que ha provocado de los que no están seguros de si la visita de Castell a Ceuta es verdad o es una broma. El propio Rimbaud lo ha explicado así:

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