ENTREVISTA EN EXCLUSIVA A VANITY FAIR

Sofía, la pequeña del clan Bono: cinco padres y el viaje más importante de su vida

Sofía Bono. Foto: Instagram
Sofía Bono. Foto: Instagram

Sofía Bono quizá sea la hija menos conocida del expresidente de Castilla-La Mancha, exministro de Defensa y expresidente del Congreso de los Diputados José Bono y Ana Rodríguez. Hace dos décadas, cuando los hijos biológicos de la pareja AmaliaAna y Jose tenían 19, 18 y 16, el matrimonio, que estuvo unido durante 29 años, tomó la decisión de adoptar a la pequeña en Chile. 

Ahora, con 20 años, Sofía ha concedido una entrevista a la revista Vanity Fair en la que reconoce que tiene pendiente regresar a esa casa de acogida en el que para ella es el viaje más importante de su vida. La joven llegó a su nuevo hogar con apenas tres meses y ha crecido no solo con mucho amor, también con muchos padres. “Para lo bueno tengo cinco apoyos. Para lo malo, cinco personas regañándome”, asegura. 

La benjamina de los Bono, desde muy pequeñita se presentaba con un eslogan que repetía sin saber bien qué significaba: “Hola, me llamo Sofía y soy adoptada”. Ahora lo recuerda entre risas. “De mayor me lo explicaron. Siempre lo he llevado muy bien. Como dice mi padre: ‘La sangre es un cuento chino”. 

Otro de los capítulo que repasa en la entrevista es el del divorcio de sus padres. “Yo tenía 10 años cuando se separaron y no quería elegir con quién vivir. Así que pasé dos años con mi madre y otros dos con mi padre. Siempre he tenido las dos casas abiertas”. A pesar del divorcio —o quizá gracias a él—, los Bono son una piña: “Mis padres se llevan mejor que nunca”. Sofía habla todos los días con todos, aunque es con Amelia con quien hace más planes. “Dice que soy su quinta hija”, señala (Amelia tiene cuatro hijos con el músico Manuel Martos, hijo de Raphael y Natalia Figueroa). Solo la pandemia ha logrado lo que no consiguió ni un divorcio: distanciar —físicamente— a esta familia inseparable. “Mi padre se cuida mucho. Pasó el encierro en Salobre, su pueblo de Albacete, y no salía ni para hacer la compra. Ahora se ve con nosotros de uno en uno y siempre en terraza. Antes quedábamos todos juntos. Incluso instauró una costumbre: comer cocido los domingos. Mi madre es más relajada”.

Sofía recuerda que en casa de sus padres en Toledo —donde vivió hasta los 10 años, cuando se mudaron todos a Madrid— de relax, poco. “Era como una romería. Por ahí aparecía cualquiera. Yo siempre decía: ‘Papá, estoy en pijama, avisa cuando venga gente”. Lo de “cualquiera” es un decir, porque Sofía contando anécdotas es como abrir el archivo de TVE. Desde Julio Iglesias hasta Felipe González, ella misma se sorprende de la gente que ha visto en su casa. “Ahora de mayor soy más consciente”, asegura mientras rebusca en su móvil una foto del famoso cantante (¡hey!) con ella en brazos cuando aún era un bebé: “Hemos ido a verlo muchos veranos a su casa de Marbella”. Su padre también se llevaba estupendamente con Sara Montiel, quien se declaraba Bonista incondicional a pesar de estar afiliada al PP. “Hay una foto de su 60º cumpleaños en la que está cortando una tarta y sale mi padre al lado”, nos cuenta. Por no hablar de sus amigos más obvios. “Hemos tenido los bonsáis de Felipe muchos años en casa. Un día se me ocurrió podar uno y lo maté. Yo veía a mi padre que cortaba sus ramitas y me dije: ‘Le voy a dar una sorpresa’. No le hizo tanta ilusión como yo me esperaba”.

Ahora, Sofía acaba de volver de Londres para seguir estudiando a distancia —cosas del COVID-19— Diseño de Interiores, que cursa en Regents University. “Estábamos encerrados en casa y no tenía sentido seguir allí. Quizá vuelva en septiembre”. Y añade: “Me gusta la decoración desde siempre. Aunque nadie en mi familia se dedica a esto, mi madre compraba la revista AD (Architectural Digest)”. Atrás quedaron los dos años de Administración y Dirección de Empresas que también estudió entre Londres y Madrid, y que dejó porque no le llenaba. “Tienes que hacer lo que de verdad te guste”, le dijeron sus cinco padres. 

Por último, Sofía desvela que pese a haber conocido muchos países y haber vivido en tantos otros, tiene pendiente el viaje más importante de su vida: “Quiero volver a Chile y visitar la casa de acogida donde me adoptaron. Mi padre me dijo que iríamos cuando cumpliese 18, pero lo he ido retrasando. Es un viaje que quiero tener muy pensado”.

Compartir