El Alcaná

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Javier Ruiz

 Quinto de Emiliano

Dice un buen amigo y excelente periodista que a veces para entender bien a Page y saber lo que quiere decir con exactitud, es necesario cursar Quinto de Emiliano.

Sobre todo, porque al presidente se le lee entre líneas, si se precisa el contexto. Sus últimas intervenciones la semana pasada revelan la irritación creciente de quien se ve inerme ante el desafío de la tormenta. La pandemia se ha hecho larga, pero aunque decaiga el estado de alarma, el virus no entiende de leyes. La Nochevieja del sábado en muchos lugares de España fue vista con espanto por las autoridades competentes. Las incompetentes no sabemos dónde están. Se inicia ahora un periplo cuya deriva es ignota.

Las elecciones de Madrid y la ayusada han puesto la guinda al discurso de la libertad de las últimas semanas. Otro buen periodista de la región me ha dicho estos días que nadie tiene narices ahora de cerrar nada. Según vayan los acontecimientos, porque si algo nos ha enseñado el virus son sus imprevistos. Las vacunas funcionan y hacen su parte, pero los virólogos alertan de que aún así no son la panacea y habrá que guardar las precauciones necesarias durante un tiempo. Page sabe de lo que habla y los desvelos sufridos. Él y todos aquellos que han asumido responsabilidades. Quien está en la cúspide de la pirámide, el presidente del Gobierno, lo hizo al principio. Cuando vio que sus charlas vespertinas no daban un solo voto y fue cazado en sus mentiras, se quitó de en medio.

Las tabernas, las cañas y los berberechos no explican la debacle madrileña, por más que la estadista Calvo se empeñe. Es ella quien habla porque el oráculo está escondido. No se hizo la foto ni en Oporto, donde había cumbre europea, que es donde disfrutan los presidentes cuando se sienten incomprendidos. Ha perdido el habla como Harpo y quién sabe si hasta se comunicará con bocina. Hasta la próxima estrategia. La ayusada es la suma de muchos factores que comienzan y acaban en las mentiras del presidente. No se puede mentir todo el tiempo a todo el mundo, porque te cogen la matrícula. Si algo ha puesto de relieve los comicios es la vacuidad del discurso y la realidad de la izquierda. Cuando contraviene sus principios, levanta otra paralela con que sustituirla. Y así alzó el antifascismo como la lucha suprema del siglo XXI, en un Madrid donde solo había ganas de vivir y luchar por la subsistencia. Tezanos sigue sin entenderlo y leyendo los mismos libros de los plomos que solo saben la teoría. No es la necesidad de tomar cañas, que también, sino sobre todo, la necesidad de servirlas.

El presidente Sánchez esconde la cabeza bajo el ala mientras deja que el país siga bailando su danza infinita, como en la película de Pollack, hasta que caigan todos por desfallecimiento. No abrirá la boca mientras le convenga, como ha hecho siempre. Ahora lo hace a través de intermediarios y quiere zanjar las cosas a la sevillana. Vuelven Susana y Pedro como Enrique y Ana, con el mismo platillo girando en la pista. Lo innombrable, lo inefable hasta ahora en el partido, ha dejado de serlo. Los chivos expiatorios son Redondo y Leguina, aunque hay muchos que les dan la razón. Muerto Iglesias, la coraza se acaba. Page se va a Roma con Tolón a ver al Santo Padre. Es el socialismo pata negra a la manchega. Si alguna vez hubo diferencias, nada como el arzobispo para diluirlas. En realidad, todo es un máster en Bonología.

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