El Comentario

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Juan Manuel DELAFUENTE

El monje de moka

Dave Eggers es un escritor norteamericano con oficio, escribe un excelente libro de 320 páginas de editorial Random House. Desde el inicio te intriga y te capta, dibuja con trazos finos y precisos a la sociedad norteamericana y la sociedad yemení, retrata a sus gentes y costumbres, el ambiente y el paisaje con maestría. Algunos libros del autor han sido adaptados al cine, baste destacar El Círculo, libro de ficción, especie de distopía del siglo XXI.

El monje de Moka está basado en una historia real que te lleva a simpatizar con el protagonista, Mokhtar Alkhanshali, un joven norteamericano de origen yemení de segunda generación, que regresa al país de sus ancestros para recuperar el atávico cultivo del café en Yemen y se vio sorprendido en una guerra civil dramática, contienda que nada importa a occidente, quizá por la ausencia de petróleo.

El título del libro, “El monje de moka”, proviene de un santón musulmán, sufí, Omar al Shadhili, que vivía en Moka, puerto de Yemen; descubre que al hervir en agua unas bayas de una planta aromática denominada qahwa, la infusión-quishr- se vuelve de un color café, cálido, precioso, con un aroma agudo que inunda el ambiente. Probó un sorbo y sus sentidos se estimularon, su espíritu se exaltó y era capaz de rezar con intensidad a base de sorbos, parecía magia, pero no, era café de Yemen, el “vino del profeta”.

Por casualidad, el joven Mokhtar descubre este hecho, que el café tiene su origen en Yemen y no en Colombia, ni tiene nada que ver el origen con las cabras saltarinas de  Etiopia. Comienza a investigar y decide viajar al país de sus abuelos. Viaja a Saná, capital de Yemen y recorre las montañas más remotas del país, visitando a los caficultores y a los escasos cafetales que quedan, busca las mejores bayas de la variedad arábica para exportarlas a Estados Unidos, pero la guerra civil estalla y las puertas del país se cierran convirtiendo su regreso en una aventura extremadamente arriesgada, de película.

Eggers nos ayuda a reflexionar sobre la necesidad de comprender al mundo musulmán, de tender puentes a otras culturas, de evitar la exclusión social por ser diferente. Nos ayuda a pensar cómo es posible que una taza de excelente café de Yemen en San Francisco cueste quince euros y a quince mil quilómetros, en un mundo globalizado, los cultivadores del café apenas puedan sobrevivir.

El libro, El monje de Moka, hace que el lector salga con un máster sobre café: su origen, variedades, el cultivo, recolección, procesado y selección. Ni que decir que el denominado café de moka no tiene nada que ver con el café de Yemen, el primero es un artificio occidental, es una especie de café expreso con leche al vapor y chocolate. El café de Yemen es auténtico café sin añadidos.

Eggers superpone la historia personal de Mokhtar  con la aventura del café de Yemen, el joven norteamericano se siente desplazado en su tierra de nacimiento por su ascendencia, pero su mentalidad es yanqui. Mokhtar es un joven que cree en el sueño americano, pero al mismo tiempo tiene el noble afán de hacer un mundo mejor ayudando a sus antepasados. Inicia la aventura de emprender importando bayas de café yemení a Norteamérica. Contacta con gente a quienes pide muchos favores, se endeuda hasta las cejas, estudia para conseguir el certificado “Q Grader” que acredita como experto en la selección de café – en USA hay de todo-, será el primer americano-yemení que lo obtiene. A pesar de la guerra y de las amenazas de Al Qaeda viajará a Yemen en muchas ocasiones. Comprende y se solidariza con la miseria de los yemeníes, eso hará que su “sueño americano” tenga un motivo de nobleza, también es una actitud muy yanqui.

Tanto Mokhtar como la empresa fundada por él, “Port of Mohka”, tienen éxito y alcanzan reconocimiento internacional, triunfan. Comenzó vendiendo su café yemení en una cadena similar a Starbucks denominada Blue Bottle, en tiendas de San Francisco, después se extendió a las demás tiendas de las grandes ciudades. Hoy Port of Mohka es una gran empresa que factura millones de dólares en todo el mundo. En 2017, la revista especializada Coffee Review –en USA hay de todo- concedió a la empresa de Mokhtar, Port of Mohka, la puntuación de 97 sobre 100, la puntuación más alta jamás concedida, por la calidad del café de Yemen de la plantación en Al Haymah, perteneciente al agricultor que empezó con Mokhtar, la mejor demostración empírica de que el café de Yemen es el mejor y el más auténtico.

No sé si te habrá gustado la historia que Eggers cuenta en El monje de Moka, a mí me ha encantado, y cuando pueda pediré café yemení de Port of Mohka. Además interiormente me he solidarizado con el norteamericano-yemení, Mokhtar Alkhanshali, con sus sueños y emprendimiento, porque soy de los que piensa que millones de iniciativas solidarias y espontáneas pueden cambiar el mundo.

 Juan M. Delafuente

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