El Comentario

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Grupo Areópago

El pacto de la amistad

Visita del Papa Francisco a Irak. Foto: Efe Visita del Papa Francisco a Irak. Foto: Efe

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define pacto como “concierto o tratado entre dos o más partes que se comprometen a cumplir lo estipulado”. A los medios de comunicación les gusta mucho titular y hablar de pactos y de llegar a acuerdos, aunque algunos no signifiquen más que eso, un titular.  El término pacto puede estar de moda, pero se queda en eso en moda porque a la hora de la verdad resulta complicado conseguir el pacto, cuando no estamos dispuestos a trabajar por el bien común y cuando  los intereses de las partes son totalmente opuestos.

El polémico y difícil pacto en la renovación del Consejo General del Poder Judicial, el pacto de gobernación en Cataluña, y el posible acuerdo entre el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas en relación al cierre perimetral en Semana Santa son algunos de los últimos ejemplos de pactos y negociaciones que hay ahora mismo en España y que forman parte de los informativos.

Sin embargo, en  este tiempo de Cuaresma, tiempo de reconciliación, se ha producido un pacto significativo e histórico, y ha tenido lugar el 6 de marzo en Irak, un encuentro sin precedentes y con mucho simbolismo. Es lo que podría denominarse el Pacto de Amistad entre el Papa Francisco y el gran Ayatolá Ali Al Sistani, y es la amistad entre cristianos y chiíes. Un pacto que ha sido más que una foto o un titular.

Este acuerdo significa mucho para los cristianos en Irak y de otros países de Oriente Medio, donde los cristianos son minoría y donde durante décadas están sufriendo persecución y discriminación. Un encuentro entre los líderes religiosos que se ha producido en una conversación de 45 minutos según los periódicos, sin aparentemente largas negociaciones, ni largas reuniones, como estamos acostumbrados últimamente, sino que han sido 45 minutos fructíferos, porque cuando había voluntad de llegar a acuerdos los resultados llegan enseguida; y es que el bien común y la paz entre los pueblos debe ser un fin indiscutible.  Es un ejemplo de que cuando se quiere se puede.

Y es que pese a los riesgos provocados por la pandemia, y a las razones de seguridad de esta visita del Papa a Irak, una vez más  en esta reunión histórica el Papa Francisco, ha tendido puentes con otras comunidades religiosas, en este caso con el islam, pidiendo que finalice la violencia y el extremismo, para facilitar un futuro pacífico a los jóvenes, y subrayando en palabras del Pontífice  “la importancia de la colaboración y amistad entre las comunidades religiosas para que, cultivando con respeto recíproco el diálogo, se pueda contribuir al bien de Irak, de la región y de la entera comunidad".

Como dice Francisco en su reciente Encíclica Fratelli Tutti  “las cuestiones relacionadas con la fraternidad y la amistad social han estado siempre entre mis preocupaciones”, y así podemos constatarlo en este viaje del Sumo Pontífice a este país, porque no son sólo palabras son hechos. Es un encuentro interreligioso, es el diálogo y el respeto entre las máximas autoridades religiosas, Papa Francisco y gran Ayatolá Ali Al Sistani celebrado en la ciudad sagrada de Najaf, cumpliéndose así lo que se expresa en Fratelli Tutti “seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras”. El Papa predica pero también da ejemplo de lo que predica.

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