El Comentario EL LADO BUENO DE LAS COSAS

Constelación de estrellas: Eva, Luis, Edward y el tigre

29 mayo, 2020 00:00

Eva al desnudo, de tigre a tigre

Las cosas de Joseph L. Mankiewicz son palabras mayores. Siempre. Y aquí el gran director y guionista toca una de sus cimas: “Eva al desnudo”, película de culto de 1950, redonda y magistral, endiabladamente buena y que, sobre el fondo del mundo del teatro, sitúa con desgarro y tal vez con ternura la historia de una ambición o una locura, o también pudiera ser de una pasión descontrolada tremendamente humana. Enternecedora. ¿Es Eva una arribista sin escrúpulos, una perturbada dispuesta a todo para alcanzar sus sueños o simplemente un ser humano enredado en la búsqueda torcida de la felicidad? Juicios morales aparte, el fascinante guión de “Eva al desnudo”, maravillosamente escrito por el propio Mankiewicz, nos atrapa en su tela de araña y nos cuenta la escalada de un ratoncito que terminó siendo un tigre o, mejor dicho, de un lobo disfrazado de cordero que no piensa renunciar a nada para alcanzar su cielo, por muy oscuro que el camino pueda ser y el estropicio y el dolor que eso pueda provocar. La constelación de estrellas es impresionante: Bette Davis, Anne Baxter, George Sanders, Thelma Ritter y, entre otros, una jovencísima Marilyn Monroe con un papelito delicioso. Aparte del atormentado y poderoso duelo interpretativo entre Davis y Baxter (brillantísimo discurso final), dos secundarios de lujo tienen luz propia y te dejan con ganas de más: la gran Thelma Ritter, que todo lo ve venir, y un implacable y cínico George Sanders que termina estando en el centro de todo. De tigre a tigre. Gran éxito de Mankiewicz con esta obra maestra para iniciar esa década prodigiosa que los años 50 fueron en el mundo del cine. Maravillosa, que nadie se la pierda.

Luis Lobos Negros, el gran superviviente del rock and roll

Luis Martín. Luis Lobos Negros. Si hay un apasionado del rock and roll, un tío que derrocha vitalidad y amor por la música, superviviente de todas las batallas de la movida, ese es Luis Martín, un talaverano que no descansa, que lleva 35 años entregando su vida y su corazón al garaje y al blues y que vive una nueva juventud con su guitarra y su banda. Qué tío. Lobos Negros y Luis Martín nunca se fueron pero están más vivos y más frescos que nunca y son un ejemplo de perseverancia que a mí me da mucha alegría y mucha ternura. Tremendo viaje de entusiasmo y constancia que me impresiona. Aparte de amigo y paisano y de haberse inventado esa hermosa exclusiva que es la guitarra de cerámica de Talavera, que hasta Santana se ha interesado por ella, Luis es un terremoto de energía, un músico pasional que ha hecho de Lobos Negros una forma de vida y un tipo que se ha pateado escenarios de medio mundo dándole fuerte a su gran fascinación. Verlo en directo es para darle un abrazo. Soldado del rock and roll, Luis Martín es todo un personaje: diecisiete discos, colaboraciones con muchas bandas famosas, una biografía en marcha, cameos en las películas de Álex de la Iglesia y en no sé cuántos rodajes y una mente siempre inquieta y en marcha que no deja de soñar. Ni de dar la batalla y rular y rular por la vida. Si hay un tío con fe en sí mismo, en la música y en la vida, ese tío es Luis. Gran Luis Martín, ya sabes que te queremos.

LOBOS NEGROS - JUNGLE ROCK

Soledades de Hopper

¿Por qué son tan hipnóticos los cuadros de Edward Hopper? ¿qué magia encierran que son tan cautivadores? Sólo puedo hablar de mí y el impacto con el que me zarandean. Hopper es nocturno, solitario, melancólico y todas esas convulsiones del corazón aparecen en su soberbia obra. Pinturas intrigantes, crónicas urbanas, alma del cine negro. La vida de la gente transpirando soledad y ternura, anhelos y desprotección. La busca, la lucha, el rodar por el mundo. Esos perfiles, esas mujeres, esos hombres mirando tal vez perdidos, las habitaciones que respiran tristeza y las imponentes casas con su punto de luz, no sé si esperanza. Una obra de gran fascinación y dureza, el retrato de un tiempo y a la vez del tiempo: una perspectiva del alma humana que a mí sencillamente me engancha. De forma particular son conmovedoras las cafeterías de Hopper, los bares, las oficinas y hoteles con esa impresionante sensación de soledad y vacío, noctambulismo e incesante búsqueda no se sabe muy bien de qué. Tan lírico y tan realista, con esos colores únicos y unos espacios fríos y despoblados que estremecen de tristeza o algo muy parecido. No termino de entender el magnetismo que me mantiene pegado a tantos cuadros de Hopper, pero ni falta que hace. Ya está, es así.

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